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¿ESTAMOS DISCUTIENDO EL TEMA CORRECTO?

¿ESTAMOS DISCUTIENDO EL TEMA CORRECTO?

Se habla mucho de la desregulación de la actividad inmobiliaria.

Y, sinceramente, creo que estamos discutiendo el tema equivocado.

Hay quienes dicen que la matrícula debería dejar de ser obligatoria.

Otros sostienen que sin matrícula desaparece la profesión.

Pero ninguna de esas posiciones responde la pregunta más importante.

¿Cómo sabe una persona que quien la está asesorando realmente es idóneo?

Porque tener un título no garantiza ser un gran profesional.

Pero tampoco eliminar todos los requisitos garantiza que cualquiera pueda administrar una decisión patrimonial.

Y ese es el verdadero debate.

No estamos hablando de vender un producto que, si sale mal, se cambia.

Estamos hablando de una herencia.

De un divorcio.

De los ahorros de toda una vida.

De decisiones que pueden impactar el patrimonio de una familia durante años.

Entonces, más que discutir quién puede ejercer, quizás deberíamos empezar a discutir cómo demostramos la capacidad para hacerlo.

Porque el valor profesional no debería presumirse.

Debería demostrarse.

Y creo que esa es la conversación que todavía nos debemos como sociedad.

Si no podés explicar tu valor, alguien lo va a cuestionar

Supongamos que mañana se desregula completamente la actividad inmobiliaria.

La pregunta no es quién va a poder trabajar.

La verdadera pregunta es...

¿Cómo va a diferenciar un consumidor a un gran profesional de alguien que simplemente publica propiedades?

Durante muchos años el mercado confundió intermediación con representación.

Publicar un inmueble no es asesorar.

Mostrar una propiedad no es conducir una negociación.

Conectar un comprador con un vendedor no es representar intereses.

Un verdadero profesional interpreta información, diseña una estrategia, anticipa riesgos, negocia, contiene emocionalmente y acompaña una de las decisiones patrimoniales más importantes de una persona.

Si todo eso no logra percibirse...

es lógico que alguien cuestione los honorarios.

Porque nadie paga por algo cuyo valor no entiende.

Y acá aparece un desafío mucho más grande que la desregulación.

Demostrar, todos los días, por qué nuestro trabajo genera valor.

Porque la tecnología, la inteligencia artificial y los nuevos modelos de negocio no vienen a reemplazar al profesional inmobiliario.

Vienen a obligarnos a demostrar el valor que realmente generamos.